Encuestas y peticiones: diferencias con el voto por internet

¿Cuáles son las diferencias entre las distintas herramientas de participación activa? El voto en línea es diferente de las encuestas, las peticiones en línea y las consultas públicas porque requiere características específicas, como la idoneidad, la singularidad, el secreto y el cumplimiento del GDPR, que lo distinguen de otras formas de participación digital.

El objetivo de esta entrada de blog es arrojar luz sobre las herramientas relacionadas con el mundo del voto y la participación activa que con frecuencia se confunden o malinterpretan. Para ello, le proporcionaremos algunas coordenadas útiles para orientarse en este ámbito y, sobre todo, para distinguir el voto electrónico y en línea de realidades y actividades basadas en mecanismos diferentes.

Software de encuestas en línea (sondeos)

Los sondeos (encuestas), Form son actividades exploratorias que tienen por objeto recabar opiniones y reacciones sobre diversos temas, desde el ámbito social y político hasta el empresarial. Las encuestas en línea se han extendido ampliamente, convirtiéndose en una especie de llamada a la escucha de los interesados, una herramienta de participación colectiva. La lógica y el mecanismo subyacentes son muy sencillos: se envían invitaciones por app o correo electrónico a un número potencialmente ilimitado, correspondiente a la muestra seleccionada para la encuesta; se hace clic en un enlace y se accede al cuestionario.

Las ventajas de un software de encuestas en línea son muchas, desde la rentabilidad del proceso hasta el seguimiento en tiempo real del progreso de la encuesta, pasando por la flexibilidad para que los encuestados respondan en cualquier momento y desde cualquier dispositivo. Pero la encuesta puede ser repetida por un usuario múltiples veces, con la posibilidad de cambiar sus respuestas. Por tanto, carece de valor jurídico, no existe el principio de inmodificabilidad de la respuesta y puede ocurrir que la información facilitada pueda ser rastreada hasta personas identificadas o identificables, por lo que carece de seguridad y de conformidad con el GDPR.

Peticiones en línea

Las peticiones en línea se consideran hoy en día instrumentos típicos de la democracia. A través de plataformas específicas, organismos, organizaciones y comunidades pueden publicar llamamientos, promover campañas de sensibilización y llamar la atención de las autoridades sobre cuestiones importantes de interés sociopolítico general, para las que se solicita apoyo solicitando datos personales como nombre, apellidos, correo electrónico y una firma a través de un formulario.

Por esta misma razón, aunque no puede cuestionarse su valor simbólico y su resonancia mediática, las peticiones en línea rara vez tienen validez jurídica porque no se firman electrónicamente.

Además, la forma en que se tratan los datos personales de los usuarios, incluidos los sensibles, no siempre excluye su uso para la elaboración de perfiles o su transferencia a terceros.

Consulta pública

La consulta pública es una herramienta de intercambio y diálogo entre las administraciones y los ciudadanos para recabar comentarios e ideas en los que basar las decisiones y posibles medidas. Tras analizar las aportaciones, las administraciones toman una decisión final de la que son plenamente responsables y publican el informe, compartiéndolo a través de un proceso transparente. Las consultas son, por tanto, un incentivo para la participación ciudadana que inspira el trabajo de las administraciones, pero, aunque inclusivas, accesibles, significativas y eficaces, pueden definirse como una especie de «votación» informal sin validez jurídica.

Voto online (iVoting)

Además de ser eficaz para mitigar el abstencionismo, el i-voting (voto en línea o por internet) se está convirtiendo en la principal herramienta de la democracia participativa y en un facilitador de los procesos de toma de decisiones compartidas. Al permitir el voto -entendido como la expresión de la voluntad de un individuo en elecciones y deliberaciones- no sólo ha de respetar sus características, sino que la plataforma utilizada para la votación en línea debe garantizar la máxima fiabilidad tecnológica y satisfacer una serie de características y precauciones. Entre ellas:

Elegibilidad: sólo los votantes elegibles pueden participar en el voto electrónico, a través de un proceso de autenticación seguro.

Unicidad: los votantes elegibles sólo pueden votar una vez.

Secreto: el voto es secreto y nadie que participe en el proceso electoral puede descubrir el voto de un elector o relacionar el voto con el elector.

Verificabilidad universal: cualquier sujeto, incluido un observador pasivo, puede verificar que el resultado de las elecciones es correcto.

Verificabilidad individual (alternativa a la anterior): el votante puede verificar que su voto se ha contabilizado correctamente.

Inconsistencia: no debe ser posible para ningún sujeto implicado en el sistema falsificar un nuevo voto a partir de un voto introducido legalmente en el sistema que pueda parecer válido.

Imparcialidad: no debe ser posible disponer de información parcial sobre el resultado de la votación antes del recuento oficial.

Incoercibilidad: el sistema de votación en línea debe contrarrestar la posibilidad de coacción que un adversario pueda ejercer sobre un votante para forzar un voto determinado o inhibirlo.

Escalabilidad y fiabilidad: el sistema debe asegurar un funcionamiento eficaz incluso en caso de un gran número de participantes y debe garantizar el servicio incluso en caso de averías.

Robustez: todas las propiedades de seguridad deben mantenerse en caso de comportamiento malintencionado de los participantes, incluso basado en una colusión de escala razonable.

Cumplimiento de la privacidad: el sistema debe cumplir todas las normas del Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea.

En definitiva, este conjunto de peculiaridades diferencia claramente el voto electrónico y el voto en línea de otro tipo de actividades o herramientas digitales, que ciertamente fomentan la democracia abierta, activa y participativa, pero no la democracia deliberativa que implica votos real y legalmente emitidos.